Durante años, la Institución Educativa La Nacional de Comercio ha sido sinónimo de excelencia educativa en la región. Sus egresados y resultados la mantienen en los primeros puestos de Cúcuta, del Norte de Santander y hasta en rankings nacionales. Hoy, sin embargo, esa historia de éxitos se ve opacada por una realidad que impide a sus profesores dormir tranquilos: una ola de acoso en redes sociales y el uso inadecuado de herramientas jurídicas que los mantiene permanentemente en la defensiva.
Los docentes narran que su jornada ya no termina al salir del aula. Muchas noches las pasan revisando, analizando y respondiendo escritos legales que no dominan, invirtiendo horas que deberían dedicar a preparar clases, acompañar a sus estudiantes o simplemente descansar.
“Llegamos a casa y no desconectamos. Tenemos que entender documentos que no son nuestro lenguaje, responder a términos que no conocemos, y hacerlo con miedo a equivocarnos. El agotamiento es mental, físico y emocional. Muchos no dormimos bien desde hace meses”, expresaron voceros del cuerpo docente.
la labor principal se ha visto desplazada. Quienes han enseñado con vocación y resultados destacados por décadas ven cómo su verdadera misión “formar a los jóvenes de Cúcuta” queda en segundo plano, absorbida por la necesidad de defenderse.
De la excelencia al agotamiento
Los datos respaldan su trayectoria: año tras año, los estudiantes de La Nacional de Comercio obtienen calificaciones sobresalientes, reconocimientos y posicionamiento entre las mejores instituciones del departamento y del país. Esa calidad, señalan los maestros, se sostiene a pesar del entorno hostil en el que trabajan.
“Lo hacemos muy bien. Hemos estado primeros en la ciudad, en el departamento y a nivel nacional por mucho tiempo. Pero no podemos seguir así. El esfuerzo ya no rinde igual”, indicaron.
Ante la falta de soluciones, la situación ha llevado a los profesores a evaluar medidas extremas: la presentación de renuncias colectivas, solicitudes masivas de traslado fuera del departamento y el planteamiento formal ante el Ministerio de Educación de que el entorno laboral afecta directamente su salud mental.
“No queremos irnos, pero no podemos seguir”
La institución advierte que no se trata de abandonar sin motivo: los docentes aman su labor y su comunidad. El problema, coinciden, es que el uso de las redes sociales para difamar o presionar y la judicialización de la vida escolar han dejado de ser herramientas de control para convertirse en formas de acoso.
“Cuando se usa el aparato judicial sin causa justa, cuando se publica en redes para dañar, no se ataca solo a una persona: se debilita la educación que entregamos a los estudiantes. Nosotros seguimos enseñando con el mismo compromiso, pero nadie puede dar lo mejor de sí si vive defendiéndose todo el tiempo”, agregaron.
Llamado a las autoridades
Los docentes hacen un llamado para que se atienda su situación con urgencia: que se revise el uso indebido de denuncias y publicaciones que afectan la dignidad del cuerpo docente, que se brinde acompañamiento jurídico y emocional, y que se valore su trayectoria y aporte real al desarrollo de la ciudad.
“Si nos vamos, la que pierde es la educación pública de Cúcuta. No pedimos privilegios: pedimos poder enseñar en paz”, concluyeron.